Las olas de calor que está viviendo Europa están poniendo de manifiesto una nueva dimensión del riesgo energético.
Cuando aumentan las temperaturas, crece la demanda de electricidad. Pero, al mismo tiempo, la disponibilidad de generación puede disminuir.
Esta combinación es cada vez más relevante para las empresas.
Una nueva presión sobre el sistema energético
En Francia, se prevé que el calor extremo reduzca la producción nuclear en torno a un 15 %, con hasta 9,4 GW de capacidad fuera de servicio en nueve reactores, debido a las elevadas temperaturas de los ríos, que limitan las operaciones de refrigeración. Posteriormente, los precios de la electricidad en el mercado diario francés alcanzaron los 154,50 €/MWh.
En Rumanía, los niveles de agua excepcionalmente bajos del Danubio obligaron a detener los dos reactores de 706 MW de Cernavodă. Juntos, estos reactores generan habitualmente alrededor del 20 % de la electricidad del país. El Gobierno declaró una emergencia energética y pidió reducir voluntariamente el consumo de electricidad.
Hungría se ha enfrentado a restricciones similares en su central nuclear de Paks, mientras que los bajos niveles de los ríos también han afectado a la generación hidroeléctrica y al transporte fluvial en distintas zonas de Europa.
La combinación de calor y sequía aumenta la presión
Todo ello está dando lugar a una situación de mayor tensión sobre el sistema energético:
- Temperaturas más elevadas → mayor demanda de refrigeración y climatización.
- Calor y sequía → menor disponibilidad de determinadas instalaciones de generación.
- Mayor tensión entre oferta y demanda → mayor presión sobre el sistema y mayor volatilidad de los precios.
La combinación de estos factores hace que episodios meteorológicos extremos puedan tener un impacto directo sobre la disponibilidad y el coste de la electricidad.
El calor extremo, un desafío creciente para el sistema eléctrico europeo
La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ya identifica esta combinación como un desafío creciente para la seguridad y la fiabilidad del suministro eléctrico.
El calor extremo puede disparar la demanda de electricidad por el aumento del uso de sistemas de refrigeración, mientras que la sequía, las paradas de centrales y otras limitaciones de la oferta reducen simultáneamente la capacidad disponible del sistema.
La Agencia Europea de Medio Ambiente va un paso más allá: identifica las interrupciones energéticas provocadas por el calor y la sequía, que afectan tanto a la oferta como a la demanda de electricidad, como el riesgo climático relacionado con la energía más urgente que debe abordarse en Europa, con una exposición especialmente elevada en el sur del continente.
Un riesgo especialmente relevante para el sur de Europa
Para las empresas, esta situación supone un cambio de perspectiva. Los episodios de calor extremo ya no deben analizarse únicamente como un fenómeno meteorológico, sino también como un factor capaz de afectar al suministro eléctrico, los precios de la energía y la continuidad de determinadas operaciones.
¿Qué significa esto para las empresas?
El riesgo energético ya no puede evaluarse únicamente a partir del consumo anual y del precio por MWh.
Las empresas necesitan considerar cada vez más:
- su exposición a los picos de precios de la electricidad;
- los riesgos climáticos físicos que pueden afectar al sistema eléctrico;
- su dependencia de la disponibilidad de la red;
- el aumento de las necesidades de climatización y refrigeración durante episodios de temperaturas extremas;
- y su capacidad para desplazar, reducir o abastecer localmente parte de su consumo.
Esta nueva realidad hace necesario avanzar hacia una gestión de la energía más flexible y resiliente.
Soluciones para mejorar la resiliencia energética
Este contexto refuerza el valor estratégico de la eficiencia energética, el autoconsumo, el almacenamiento, la gestión de la demanda y una gestión activa de la energía.
La generación solar puede reducir la dependencia de la red durante las horas de mayor demanda diurna. La eficiencia energética permite limitar el consumo adicional asociado a la climatización y la refrigeración.
El almacenamiento y la gestión de la demanda aportan flexibilidad cuando el sistema se encuentra bajo presión, permitiendo adaptar el consumo y aprovechar mejor la energía disponible.
El papel de la energía solar y el almacenamiento
La combinación de diferentes soluciones permite a las empresas reducir su exposición a las fluctuaciones del mercado y aumentar su capacidad de respuesta ante situaciones de tensión en el sistema eléctrico.
La gestión energética conecta estos recursos y permite tomar decisiones más eficientes en función de las condiciones de consumo, generación y mercado.
El cambio de perspectiva es cada vez más claro:
El riesgo climático se está convirtiendo en riesgo energético.
Y el riesgo energético se está convirtiendo en riesgo para el negocio.
Por eso, la resiliencia energética ya no debería considerarse únicamente un objetivo medioambiental.
Cada vez más, forma parte de la resiliencia operativa y de la competitividad de las empresas.

